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Amistades imposibles

A veces, soy la simpatía hecha persona, pero otras no estoy para nadie. Bipolaridad se llama. Y los que me conocen bien, saben que tengo mis tiempos y no me suelen tocar los cojones con preguntas o comentarios en esos momentos del día en los que ni las preguntas ni los comentarios vienen a cuento. Pero el problema es que nunca paramos de conocer gente nueva y algunos, aun viéndote la cara de “pasa de mí si quieres seguir viviendo” no lo saben y te abordan en plan “mega-guay-sonriamos-y-hagamos-entre-todos-un-mundo-mejor” para darte palmaditas en la espalda o desearte buenos días totalmente fuera de contexto.

Aunque de forma intermitente, llevo años yendo al gimnasio. Y sé perfectamente que el deporte es salud y que luego cuando lo dejas notas-que-te-falta-algo, que es adictivo y todas esas cosas, pero mira, a mi ir al gimnasio me jode, preferiría estar de cañas, o tumbado en el sofá viendo programas atrasados de El Diario. Pero no, tarde sí, tarde no, hago de tripas corazón y voy, porque no tengo la suerte de ser uno de esos que pueden comer lo que quieran y nunca engordan. Yo engordo, demostrado. Y como diablo no soy, pero viejo cada vez más, a pesar de que Teresa no para de repetirme que me quiere por mi personalidad, yo por si acaso le pongo trampas a la barriga.

El caso, que me pierdo y no voy al tema, es que al igual que cuando estoy recién levantado, yo cuando estoy en el gimnasio no tengo ninguna gana de hablar. Ni siquiera las super-chonis de pendientes de aro y conjuntos de aerobic ajustadísimos de dos piezas, tatuajes en el pecho y piercings en el ombligo, me llaman la atención cuando tengo que correr durante una hora aun sabiendo que nadie me está persiguiendo, fíjate. Paso de mis compañeros de gimnasio, ni me integro ni hago nada por integrarme, voy, hago mis ejercicios, y se acabó.

Pero el monitor del nuevo gimnasio al que me he apuntado ha debido pensar que soy tímido, y que necesito un hombro musculoso y amigo en el que apoyarme porque, todos los días cuando llego, me saluda y me pregunta ¿qué tal?, ¿cómo te ha ido el día?, ¿por dónde vives?, ¿por dónde sales?, y me hace gestos de “Todo Ok amigo?!” con el dedo pulgar mientras (puag!) me guiña un ojo.. . Y no sé porque me temo que este chico no lee muchos blogs y si lo hace, el mío ni-de-coña, pero me encantaría que lo hiciera y que me dejara en paz con mis castigos corporales.

Porque cualquier día, voy a ser yo el que va a querer hacerse amigo suyo y le voy a pedir su opinión sobre la importancia de la psicología cognitiva en la sociedad actual. A ver que le parece.

Paleto de ciudad

No sé cuando me di cuenta, ni cual fue la gota que colmó el vaso de mi paciencia, pero llevo ya un tiempito (que no es ni mucho ni poco, sino todo lo contrario) que no me seduce la gran ciudad. He oído en bocas ajenas antes este comentario y si me paro a pensarlo, descubro que eran personas que como yo, sabían bien lo que era una ciudad grande y un pueblo.

No vengo aquí a dármelas de cosmopolita o viajero, lo justo oiga, pero sí de que hablo con la perspectiva de aquel que como dice la canción, ha llorado en Venecia, se ha perdido en Manhattan y ha sido un paria en París, y al final echando cálculos de edad y recuerdos, no compenso todos los teatros, ni los cines, ni ese qué-se-yo, ni esa Gran Vía, ni esas cuatro torres que al final, se ven desde tan lejos que no hace falta vivir cerca para sentirlas, con el placer de ir caminando al trabajo, o echarse siestas de 27 minutos que en la ciudad toman forma de leyenda y en los pueblos de somnolienta y utópica realidad.

No hace tanto de aquellos tiempos en los que la mentira de los rascacielos me tapaba la verdad de los árboles, y ya hago mía la sabiduría que siempre tuvieron mis abuelos. Envidio a esos héroes que se van dejando nada para poder escuchar el sonido de los minutos y, cada vez más, descubro que yo también quiero ser como ellos porque si es cierto, y lo es, que esto de la libertad es un engaño a oídos del pueblo llano y no nos queda más remedio que madrugar cada mañana y encima dar las gracias por hacerlo, quisiera al menos usar mi tiempo para vivir, dejar de vivir para trabajar y poder, de una vez por todas, romper las reglas a golpe de excepciones.

Bloguero por vocación

Esta bueno esto de tirar del cordón. Tiene su parte de peligro y es la de que al final se te vayan las horas y no saques adelante tu trabajo y obligaciones y sólo te dediques a disfrutar, a vivir (¡qué atrevimiento!) por placer. Ahora leo, ahora pienso, ahora escribo, ahora como, ahora me siento, ahora duermo, ahora sueño. Y convertirte, ¡qué placer!, en un excluido, un marginal, el novio nunca aceptado, el desubicado que sólo puede triunfar de cantante o escritor, y para colmo, ni una cosa ni la otra.

El cordón me lleva a otros blogs, maravillosos, profundos, valerosos. Voy siguiendo a la gata que me introduce en el humo. Lo aspiro y me pierdo en reflexiones, pero nunca consigo entenderme (¿qué importa?) y en este punto, descubro aliviado que ya no estoy tan solo, la soledad agoniza ante mí, la soledad está en quiebra. Y sonrío.

Somos los escritores de blogs gentes sin envidias, con la condena del anonimato asumida, y cada comentario (¡te leí y me gustó!) es valorado como un premio. Somos, valga el simil, los futbolistas que nunca disfrutarán de los coches de lujo y de las rubias tontas del montón en las fiestas privadas de los hoteles.

Pero no importa, porque jugamos (tópico va!) por vocación, aunque en cada partido contemos de reojo cada espectador de la gradas. Somos, perdón por la inmodestia pero el blog es mío y digo lo que quiero, los juglares del mileurismo, la voz de la gente y las noticias que nunca salen en los periódicos, los portavoces de las historias “todo a cien”, las del bar de la esquina, las de las colas de los bancos, las de las salas “no vip” de los aeropuertos.

Somos libres porque no les necesitamos, pero por favor, no dejen de visitarnos.

Escribir de lo mismo

Este es otro post obligado. No porque me haya propuesto escribir más a menudo como en otros tiempos, asumo y acepto la autarquía como base de mi vida a partir de las seis y media de la tarde (perdí la guerra contra mí mismo), sino porque el último post no es un post, sino un intento malo de poema. Y es que si no llego a escritor (leo a otros y siempre salgo perdiendo en las comparaciones) mucho menos soy poeta, y como borrarlo me parece exagerado, escribo esto para empujar los versos “low cost/quality” un puesto más abajo esperando que con ello se vean menos.

El problema de escribir por escribir, vuelta la burra al trigo, es que lo haces sin tener un tema. La vida sigue su curso, y supongo que no me pasan ni más ni menos cosas que antes.. . Quizá que ahora voy al trabajo en metro y el metro, ya se sabe, es buen caldo de cultivo para la observación y estudio de congéneres. Pero a veces voy leyendo y me pierdo historias, así que al final tengo pocas sobre las que escribir. O podría contar que he dejado de fumar, pero dicen los que saben que nunca se deja de fumar del todo, así que me lo callo. O que mi lectora secreta “mariquilla” ahora es un poco menos secreta, y que no es, como yo pensaba, esa exnovia que se fue una noche después de un concierto, y que conseguía con sus besos que el Norte soñara con ser Sur.

O podría quizá hacerlo de otros blogueros que tanto me acompañan y de cómo me gustan sus historias; o de mis fantasías de pertenencia a clubes de ciber-escritores que se hacen guiños en redes sociales con nombres de cara y  nombres de libro.

Podría, en fin, seguir escribiendo de nada, pero en mi caso, sería volver a escribir de lo mismo.

A veces (Poemas Low Cost I)

 

A veces prefiero cerrar los ojos,

volver la cara, mirar los suelos.

Esconder con el pie sin que me vean,

los trozos de tantos sueños rotos

 

A veces lo fácil es negar lo cierto,

ser Sancho Panza metiendo barriga,

saltar un charco y decir que vuelo,

llamarla novia cuando es amiga.

 

A veces lo mejor es pulir esquinas,

des-afilar espadas, adornar mentiras.

Camuflar las lágrimas de alegría,

colorear de éxito la monotonía.

 

A veces vale más nunca que tarde,

el “no” que ya tengo, que su respuesta,

lo piadoso que hay en cada mentira,

que las marcas que deja la melancolía.

 

 

Vidas que no vuelven

Algunas noches son largas y busco nombres en las pantallas. Ya no me mueven venganzas ni deudas no saldadas, sino curiosidades que me devuelven a sitios en los que estuve y sirvieron para hacer camino y persona.

Esta noche busqué el nombre de la niña de tres años que vivía en mi memoria y encontré una preciosa mujer de diecisiete. La pequeña que tantas veces viajó en mis hombros, hoy rinde con su belleza las flores a su paso. Su indiscreción adolescente me permite saber más de ella, descubrir la ilusión de sus amores, la elegancia de sus gestos, la pasión por la vida de sus ojos.

Sus fotos me recuerdan que la vida no vuelve y que los recuerdos, se desgastan por las olas del olvido. Buscaba niñas y encontré mujeres, no descansan los actores del teatro de los sueños.

Los bigotes los carga el diablo

Desde que tengo bigote, mi vida ha cambiado mucho. Ya no soy esa persona insegura y débil que solía ser. Ahora sé ver el camino correcto, veo como los demás, que son muchos, se equivocan todo el tiempo. Ya no tengo miedo al enfrentamiento, no me escondo, grito mis verdades a los cuatro vientos, y las grito, porque sé que la gente no cambia por la buenas, y aunque al principio no lo creen, con el tiempo descubren que mi verdad les abre las puertas a una vida nueva, una vida de rectitud y pureza.

Mi bigote me precede allá donde voy. Y las palabras que nacen debajo de él, son lecciones para el mundo. Algunos no lo entienden, pero tarde o temprano lo harán, por las buenas o por las malas, porque la mentira, la debilidad y el pecado, deben dejar de gobernarnos. Sé que somos incomprendidos, héroes, y que nuestros enemigos y sus falsos valores son rivales difíciles, pero no descansaremos en nuestra cruzada. Nada ni nadie puede pararnos porque nuestra bandera la mueve el viento de la verdad, la única verdad.

Atrás quedaron esos tiempos en los no que era nadie. ¡Ese grupo de amorales, no volverá a reírse de mí! Desde que tengo bigote, puedo notar el respeto en sus caras a mi paso, a veces parece miedo pero no me importa porque el fin, bien vale mis medios. Algún día, serán conscientes de sus errores y sus ojos no volverán a osar mirar los míos. Entonces yo les perdonaré, mi mano liberadora tocará sus hombros y todos sus errores serán borrados para siempre. Y en el mundo por fin, dejará de reinar el caos que tanto ha podrido sus almas.

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Homenajes que nunca llegan

Ha muerto Antonio Vega. Hace años yo le seguía bastante, compraba discos suyos fascinado por algunas letras de sus canciones. Siempre me pareció un tipo sensible y poético y su música, encajaba muy bien en mi gusto por la música de autor que a día de hoy, con matices, aún conservo. Tiempo después, alguien en Londres robó mi colección de compact discs y con ello le perdí bastante la pista a excepción de algunas canciones que siempre llevo conmigo como “lucha de gigantes” o “el sitio de mi recreo”. Hace unos días, con su muerte y como supongo que mucha otra gente, he vuelto a reencontrarme con sus letras de una forma más profunda, pero sobre todo, con su imagen.

La imagen de sus últimos años, tan enfermo, tan débil, tan machacado por, supongo, las drogas, me ha entristecido mucho. He conocido detalles de su vida nuevos para mí, la muerte de uno de sus grandes amores: “Marga”, su timidez, su modestia, su evidente desilusión vital. Las letras de sus canciones que ahora re-escucho, se tiñen de más tristeza que nunca, de un desencanto que estremece y con el que en parte, me siento identificado.

Antonio, imagino, fue una de esas personas diferentes, condenados a una sensibilidad especial que le hizo vivir la vida de forma diferente, rebelarse contra una sociedad cada día más banal e inmune a la auténtica belleza. Pero al menos tuvo suerte y fue reconocido en su arte y su persona. Tuvo amigos, hombros en los que llorar y gente que aplaudía en sus conciertos e hizo cola en su funeral. ¿Qué hubiera pasado si nunca hubiera llegado a ser un músico de éxito?

Vivimos rodeados sin verlos, de Antonios Vegas a los que directa o indirectamente, marginamos y excluimos de nuestras vidas. En esta patética sociedad en la que vivimos, prestamos mucha más atención a los dueños de coches y casas de lujo que a los poetas. Nuestro desinterés aparta, por defecto, a personas de nuestras ciudades, pueblos y calles a los que jamás nos paramos a escuchar y quizá, con ello perdemos grandes mentes y voces que merecen ser escuchadas. Yo por suerte, aprendí hace tiempo a rascar antes de rechazar, intentar ver por dentro, ignorar primeras impresiones. Hace tiempo que busco la emoción que sólo las almas pueden proporcionarte, almas que en muchas ocasiones se condenan a luchas interiores (de gigantes) y millones de preguntas que se quedan por desgracia sin hacer, apartadas por sociedades imbéciles bien-pensantes que por norma, desprecian lo diferente.

No todos los “desheredados” son poetas, o pintores. Pero muchos, que de verdad lo son, nunca llegan a tener colas en sus funerales o programas especiales en televisión. No hay homenaje ni sitio en nuestras vidas para el diferente y eso, nos envilece como especie.

Aquellos que me conocen bien, sabrán en quien pienso y a quien va dedicado esto que escribo. Sirva de homenaje.

Estas elecciones las pierdo yo

Es un domingo raro, ni llueve ni hace sol. Teresa y yo teníamos intención de ir a pasar el día a Alcalá de Henares. Habíamos quedado con Sergio, mi amigo super g(u)ay, pero su novio se ha puesto malo y me ha llamado para cancelar la cita. Mi amistad con Sergio, junto con mi exnovia negra, algunos libros y algunas películas, entra dentro de mi lista de coartadas para defenderme de algunas acusaciones que, en ocasiones, sufro en esos días, cada vez más frecuentes, en los que se me ocurre soltar verdades a los cuatro vientos; esos días en los que me niego a la diplomacia.

Teresa llevaba dos días intentando convencerme para ir a ver a Zapatero a Vistalegre, sin éxito. Mi desencanto por los gobernantes es cada vez más clara y ante las próximas elecciones mi decisión de voto todavía está en proceso. En los últimos años, mi mano izquierda pesa más que la derecha, pero considero que mi voto debe ser un premio al buen-hacer, quiero que sea útil. Todavía conservo restos de inocencia. Mi voto irá (o iría) para aquél que demuestre que de verdad le importa más el bien común que el propio. Así que de momento, ante las próximas elecciones la opción de irme de cañas y pasar de votar es la que más fuerza tiene.. y no parece que vaya a cambiar.

Pero Teresa es la reina de la estrategia. Nunca ataca a destiempo, elige bien sus armas, planifica las batallas. Teresa es mucho más lista que yo (y mucho más guapa), y esta mañana, mientras desayunábamos, ha puesto el mitin de Vistalegre en directo por Internet. Yo estaba viendo un programa sobre un tipo que se dedica a recorrer islas y desiertos comiendo insectos y serpientes… y de fondo a ZP, con su eterna demagogia. Subo el volumen de la tele, Teresa sube el volumen del ordenador. Sé que me quedan minutos de batalla. La pierdo seguro, pero resisto. Teresa me pide que baje el volumen de la televisión. Me enfado y me voy a tomar un café. Teresa no lo entiende, ella ama a Zapatero de forma incondicional y no entiende mi “política” del voto como premio, ni que, como ella, no sucumba al encanto de D. Jose Luís.

No es la primera vez que me encuentro con rivales amorosos, pero nunca me hubiera imaginado tener que compartir mis relación de pareja con el mismísimo presidente del ¿Gobierno?.

Pa´que luego digan que no he llegado a nada en la vida.

Desolación 2016

Conduzco por Madrid. La ciudad está diferente, tenemos visita del comité olímpico. Las calles transpiran cursilería por todos sus rincones, el alcalde nos pide que sonriamos… ¿sonreir?, permítame que mejor me ría un poco.

Queremos vender felicidad y espíritu olímpico, “no tenemos a Obama, pero tenemos madrileños” (qué gilipollez!) leí en algún lado, sí.. y no-sé-cuantos-cientos-de-miles de parados, e hipotecas asesinas, y malas noticias en los periódicos todo el tiempo.

Por amor propio, los que vivimos en Madrid no vamos (esta vez) a chivarnos a estos señores de como están las cosas en realidad, de lo jodido que es todo… Ya sabemos que las olimpiadas molan, que nos dará prestigio, que mira-Barcelona-como-estaba-antes-y-como-está-ahora, pero, a mi por lo menos, las olimpiadas, de momento, me preocupan muy poquito, tengo mil cosas más importantes que resolver.

Conduzco por Madrid y no soy capaz de ver las bondades que intentamos mostrar al mundo, sólo veo atascos, y colas del paro, y mañanas muy inciertos.. y si el mañana es incierto, por favor, no me haga pensar en el 2016, venga a visitarme el día antes, a ver si de verdad para entonces somos un país del primer mundo, pero uno de verdad, no estadístico, uno de esos donde se puede hacer planes, donde los salarios son justos, donde se puede tener esperanza. Madrid sueña con cambiar aros olímpicos por ERES.. ¡qué alcalde tan listo!

Yo también tengo una corazonada, pero me la voy a callar… hasta que se vayan los jueces.

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