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Historias tristes de bar

 

Una mañana cualquiera. Tomo café mientras leo el periódico en un bar de mi barrio al que le he tomado afición porque el camarero cuando entro me recibe con un “buenos días joven!”, algo emocionante para mí después de tantos años de ambiente e idioma extranjero, de vasos de papel en cafeterías sin personalidad.

En este bar, sólo compran El Mundo o el ABC, no El País que es el que me gusta leer y sobretodo con el que me gusta ser visto. Me llama la atención la tendencia conservadora de zonas de la ciudad que deberían de no serlo por su realidad obrera. Pero como dice mi amigo Raúl: “la derecha se hace fuerte cada día entre las clases más desfavorecidas”.

 

El café y el periódico son mis momentos. Cedo por educación muchas veces a la compañía pero como con el cine, es algo que, sinceramente, me gusta hacer solo. Leo, tomo café y observo, y para ello necesito tranquilidad.

 

Una señora rubia de unos cuarenta años, entra en el bar con gafas de sol, intentando ocultar un rostro que todos nos esforzamos por descubrir al ver que se nos intenta privar de ello. “¿El encargado por favor?” pregunta, “Soy yo, dígame” contesta el camarero. “Sí, bueno, quería saber si tienen algún puesto de trabajo ahora mismo”, “no, lo siento, hasta el verano no podemos contratar a nadie”. La mujer con rabia contenida se va diciendo en alto: “entonces no como hasta el verano!”.

El camarero me mira buscando un comentario. Yo vuelvo los ojos al periódico, estas cosas me ponen muy triste y prefiero olvidarlas lo antes posible.

 

El trabajo no solo te proporciona dinero para pagar tu casa y tu comida sino que además te da dignidad como persona, te hace útil y, te proporciona un lugar en la sociedad. Nadie debería de perder su trabajo y los gobiernos, tan empeñados en logros mayores olvidan con frecuencia que las bases de sus sociedades se ven muchas veces obligadas a esconderse tras gafas de sol para pedir trabajo en bares de barrios dónde los octavos puestos en las economías mundiales no se notan nada.

Ahora que por pesados por fin tenemos un asiento en la cumbre que se supone reorganizará el capitalismo, nuestro presidente debería de proponer que se tenga en cuenta las historias tristes de los bares; de las hipotecas que hace dos años costaban 800€ y que ahora, por arte de magia, se convierten en 1400; de las promesas de futuro que al final, nos hacen añorar el pasado.

2 Comments

  1. Las cosas en el mercado laboral cada día están peor… pero no podemos hacer otra cosa que esperar y cruzar los dedos para seguir cobrando a final de mes… una lástima!

    Tuesday, December 2, 2008 at 10:38 pm | Permalink
  2. Mister X wrote:

    Señor Palomar: es algo que también me chocó cuando vivía en Madrid, que en los bares sólo ofrecieran El Mundo o La Razón.

    Tal vez por eso los churros sepan tan diferentes en Madrid que en el resto de España (yo creía que era por la masa, pero ahora caigo que pueda tratarse de la lectura que los acompaña)…

    De todas formas, tampoco me importó porque suelo leer prensa de izquierdas cuando el gobierno es de derechas y prensa de derechas cuando el gobierno es de izquierdas (¡por culpa de ZP voy a estar condenado 12 años a leer el Mundo!)

    En cuanto al señor Raúl, le puntualizaría una cosa: las clases desfavorecidas no votan a derecha -eso es para burgueses o gente con dinero-, sino a la extremaderecha.

    Thursday, December 4, 2008 at 7:33 pm | Permalink

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