Soy muy consciente, de que si alguna vez tuve alguna credibilidad la voy a perder con este post. Moriré intelectualmente en vida, nadie me invitará a tertulias ni películas en versión original, nadie volverá a recomendarme libros otra vez. Después de este post, pasaré de ser amigo a conocido y esas chicas hippies de pañuelos al cuello y canciones de Vetusta Morla en sus emepetres que tanto me gustan, no volverán a llamarme para tomar café. Pero esta suicida coherencia en mis actos que hace ya años me propuse como norma, me obliga a confesar lo que jamás debería confesar: Me fascina el programa “El diario” que al igual que el artista anteriormente conocido como Prince, durante mucho tiempo se llamó “El diario de Patricia”
Y sé que el daño a mi prestigio está hecho y poco puedo hacer más que bajar la cabeza de aquí en adelante pero, permítanme que intente explicar mi deshonrosa fascinación por este programa y contextualizarla a fin de intentar evitar el exilio cultural para el resto de mis días.
Amo este programa tanto como lo odio y mi afición, no obedece más que a una malsana afición hacia la observación social de mis congéneres, siempre como espectador, jamás como protagonista. Siento vergüenza ajena y tristeza por esta gente contándole al mundo sus miserias, por la falta de cultura mostradas por sus invitados con el atrevimiento que les da el saberse beneficiados de esos 15 minutos de gloria de los que hablaba Andy Warhol. El sentirse escuchados por un día lejos de sus, intuyo (qué coño, afirmo!), grises existencias en barrios de ropa tendida en las ventanas, graffities en las paredes, grasa en las manos, rojo en la cuenta corriente.
Siento asco por los responsables de la cadena y su ignorancia y desprecio por el problema ajeno, siempre ajeno, que venden en sus programas. Explotan al débil, le humillan, se ríen de él, pero nunca le invitarían a su casa. “Entonces, has venido al programa a contarle a tu marido que te acuestas con su hermano”… la audiencia sube, la dignidad baja, el problema jamás desaparece… . La sinceridad una vez más, es sobrevalorada.
Un amigo dice que a los invitados se les paga en este programa. Yo lo niego, ¿Cuándo ha hecho falta pagar a alguien en este país para que salga por la tele? Ponga usted una cámara en medio de la calle y al minuto tendrá cien personas saludando. Este país, sueña con ser un día descubierto, alejado de la monotonía, besado por la utopía. Este país sueña con los 15 minutos prometidos por Warhol aunque el precio por ello, sea la irremediable pérdida de dignidad y la risa ajena.


2 Comments
Nacho, estoy contigo. Tu credibilidad y nivel intelectual no están en entredicho porque tú miras este programa con un prisma distinto, el prisma del observador de miserias, y eso no cualquiera lo puede hacer. A mí me pasaba con “el tomate”, flipaba mirando algo tan burdamente asqueroso y maniqueo y sabiendo que millones de personas lo seguían religiosamente. Tambíén me pasa cuando pongo la cope por las mañanas a ver qué burrada es capaz de soltar Federico. En fin, que te felicito por ser capaz de mirar el circo desde arriba, no todos pueden.
El magnetismo que sientes es como esa llaga que tocas con la lengua, que da un gustito malsano para acabar doliendo.
A pesar de, como tu, poder ver el programa con ese prisma, la sola voz de los contertulios me provoca dolor de cabeza y pena. Los de prensa rosa aún son peores: se muestran incisivos para arrancar la información al invitado. ¿Realmente es necesario saber dónde ha estado la polla de el novio de la exmujer de un manager de uno que salió en la 3ª edición de gran hermano? Y si por fin obtenemos el desado dato, ¿para qué coño, por favor, me sirve? ¿Es un dato que me permitirá prepararme y planificar mi vida?
Creo que el problema está en el cociente intelectual del 90% de los que ven la TV y la sed de morbo. ¿Qué pasa después de la confesión de cornamenta, cuando esa señora vuelve a casa? Una vez me coincidió ver las noticias sesgadas de Antena3, una de violencia de género. Tenían imágenes de la difunta en el “Diario de Patricia”. ¿Qué sería lo que confesó?
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[...] gimnasio me jode, preferiría estar de cañas, o tumbado en el sofá viendo programas atrasados de El Diario. Pero no, tarde sí, tarde no, hago de tripas corazón y voy, porque no tengo la suerte de ser uno [...]
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