Ha muerto Antonio Vega. Hace años yo le seguía bastante, compraba discos suyos fascinado por algunas letras de sus canciones. Siempre me pareció un tipo sensible y poético y su música, encajaba muy bien en mi gusto por la música de autor que a día de hoy, con matices, aún conservo. Tiempo después, alguien en Londres robó mi colección de compact discs y con ello le perdí bastante la pista a excepción de algunas canciones que siempre llevo conmigo como “lucha de gigantes” o “el sitio de mi recreo”. Hace unos días, con su muerte y como supongo que mucha otra gente, he vuelto a reencontrarme con sus letras de una forma más profunda, pero sobre todo, con su imagen.
La imagen de sus últimos años, tan enfermo, tan débil, tan machacado por, supongo, las drogas, me ha entristecido mucho. He conocido detalles de su vida nuevos para mí, la muerte de uno de sus grandes amores: “Marga”, su timidez, su modestia, su evidente desilusión vital. Las letras de sus canciones que ahora re-escucho, se tiñen de más tristeza que nunca, de un desencanto que estremece y con el que en parte, me siento identificado.
Antonio, imagino, fue una de esas personas diferentes, condenados a una sensibilidad especial que le hizo vivir la vida de forma diferente, rebelarse contra una sociedad cada día más banal e inmune a la auténtica belleza. Pero al menos tuvo suerte y fue reconocido en su arte y su persona. Tuvo amigos, hombros en los que llorar y gente que aplaudía en sus conciertos e hizo cola en su funeral. ¿Qué hubiera pasado si nunca hubiera llegado a ser un músico de éxito?
Vivimos rodeados sin verlos, de Antonios Vegas a los que directa o indirectamente, marginamos y excluimos de nuestras vidas. En esta patética sociedad en la que vivimos, prestamos mucha más atención a los dueños de coches y casas de lujo que a los poetas. Nuestro desinterés aparta, por defecto, a personas de nuestras ciudades, pueblos y calles a los que jamás nos paramos a escuchar y quizá, con ello perdemos grandes mentes y voces que merecen ser escuchadas. Yo por suerte, aprendí hace tiempo a rascar antes de rechazar, intentar ver por dentro, ignorar primeras impresiones. Hace tiempo que busco la emoción que sólo las almas pueden proporcionarte, almas que en muchas ocasiones se condenan a luchas interiores (de gigantes) y millones de preguntas que se quedan por desgracia sin hacer, apartadas por sociedades imbéciles bien-pensantes que por norma, desprecian lo diferente.
No todos los “desheredados” son poetas, o pintores. Pero muchos, que de verdad lo son, nunca llegan a tener colas en sus funerales o programas especiales en televisión. No hay homenaje ni sitio en nuestras vidas para el diferente y eso, nos envilece como especie.
Aquellos que me conocen bien, sabrán en quien pienso y a quien va dedicado esto que escribo. Sirva de homenaje.


One Comment
Larga vida a los artistas y poetas del rock como Antonio.
Qué bien se te da la pluma digital!Apoyo la idea de Teresa de que escribas un libro.
Un abrazo, amigo!
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