Al cruzar la puerta hacia la calle, el frescor de la mañana la embriagó súbitamente de realidad. Encendió un cigarrillo y se acomodó la gabardina. Atrás, dejaba otro amante dormido entre las sábanas aún húmedas de deseo.
Pasarían horas antes de que él (“él” ahora y “tú” la noche anterior, eran los únicos nombres que se permitía recordar) descubriera que ella no había sido más que un sueño. Primero, la llamaría desde la cama, esperando escucharla en la cocina o en el baño, luego la buscaría por la casa y al no encontrarla, lo haría esperando hallar una nota con un teléfono o una dirección, o al menos, alguna prueba de que todo no había sido un sueño. Pero no encontraría nada.
Mientras caminaba, en su mente combinaba los recuerdos aún frescos de la noche anterior y los saboreaba uno a uno. Él, como muchos otros, podría haber sido quien ocupara ese espacio de su vida condenado para siempre al vacío. Pero una vez más, eso no ocurriría. No recordaba cuanto había pasado desde que decidió crear el puzzle de los recuerdos, crear una vida con retazos de muchas otras vidas más pequeñas, la noche de las mil noches, el beso de los mil labios. Pero desde entonces, vagaba a la caza del deseo más carnal y más humano, y cuando lo encontraba, antes de devorarlo, se aseguraba de haberlo despojado de cualquier resto de continuidad.
El deseo, lo sabía bien, acababa siempre asesinado por el amor y eso, ella no pensaba permitirlo. Había reservado un rincón de la memoria para crear el amor perfecto. Un amor sin errores ni traiciones, sin conformismos ni excusas. Cada noche, robaba un trozo de alma a sus amantes. Durante las últimas mil, les había despojado a veces de un aroma, otras de una sonrisa, muchas de una mirada, y las había ido guardando como valiosas piezas de un amor que, cada noche, iba tomando un poco más de forma. Ya pronto, estaría terminado y entonces, ya nunca volvería a estar sola. Cada noche en su cama, desnuda, se estremecería con los besos de su amante de sueños, y en los brazos de ese amor perfecto e infinito, al fin, descansaría para siempre.


13 Comments
Impresionante. Y punto.
¡Que bueno…!
Con una idea más simple Patrick Süskind escribió una novela deliciosa, ojo.
Sí Chucho, reconozco la influencia. El Perfume es uno de mis fijos de cabecera, y aunque confieso que con los años me parece que pierde nivel de escritura, la historia la llevo marcada a fuego.
Lo decía pero lo borré, que esta historia fue inspirada por una chica con una gabardina azul que vi salir hace unos días por la mañana de un portal en la Latina. Tenía la mirada perdida y durante un rato, caminó delante mía.. Imaginé su historia, y no pude menos que mezclarla con la de El Perfume. Llevo tiempo buscando mi historia, pero de nada me sirve si al final acabo mezclándola con otras.. Necesito una que sólo sea mía. La de mi familia, la verdad, tiene muchos puntos (mi familia es muuuuuy peculiar), pero cada vez que empiezo a juntar palabras en mi mente, el general Aureliano Buendía, de García Márquez, me mira de reojo.. ¡Malos tiempos, para la originalidad!
Gracias por los comentarios.
Ese comentario es otro post en sí mismo! Me dan ganas de escribirlo y todo (el post que se me ha ocurrido), qué bueno lo del Coronel Buendía, es que eso me ha pasado a mi también, jajaja, en todas las historias que he intentado empezar siempre aparece un río con piedras blancas como huevos de dinosaurio.
Buen fin de semana!
Escriba Señor, Escriba!!! luego ya nos buscaremos un abogado que nos defienda de la SGAE!
Sinceramente ,a mí tambien me recordó a esa novela ,pero esta
vez la protagonista era una mujer´,si no me equivoco ,y eso
me gustó…
Para peculiaridades las de todos…
Aprovechando el inciso…Voy
a ver si encuentro Una Gabardina Azul ,Oh,Oh Oh!!!
Un amante hecho de retales, un muñeco de trapo, pero con aromas auténticos, con besos reales, con un alma de puzzle que no acaba de encajar. Al llegar a una edad, supongo, no sólo Patrick Süsskind acaba buscando El Perfume, sino que lo buscamos todos, con los amantes que han sido, con los que lo son, y con los que no lo son, pero habrían podido serlo…
Besos (jirones de ellos)
se te echa de menos
Ay Cónica! Estoy seco, ni rastro de la inspiración.. a ver si vuelve pronto.
Muchas gracias por tu comentario.
Besos.
´¨Quisiera hablar más bajo, si la escritura , como la voz ,tuviese tonos…
(Francisco Manuel De Melo )
Por aquí tambien se te echa de
menos…
Al deseo no lo mata el amor. Lo matan pocas cosas y lo desgastan muchas otras.
Salud
sigo asomándome por aquí, por si dejas un post-it, aunque sea.
saludos
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