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Lo bailado ya siempre será mío

Yo nací optimista, se lo juro. Pero la vida, consciente de que nunca fui capaz de aprender más que a tortas (ensayo-error), me llenó los bolsillos de escepticismo y ahora casi nunca me creo nada. La suerte es una golfa y nunca duda en irse con otro y además, pasearse con su nueva conquista delante de tus narices, para que sufras (digo yo), para que aprendas (dice ella).

Todo esto viene porque según las previsiones de crisis feroz del último trimestre de 2008 para el comienzo de 2009 en la bolsa de valores de mi vida, nada de lo que me ha venido me correspondía. He pasado sin pedirlo, sin soñarlo, de villano a héroe, de llorar a reirme.

De repente, mi vida se ha llenado de orquídeas de color azul que tan bien combinan con el verde. Dos casas, dos coches (uno tuneado), un canario cojo, dos hipotecas, cien sonrisas, cuatro viajes (de momento), nueve Llanes, dos Granadas. Otra vida. Y yo -permítanme la licencia literaria- con estos pelos. Qué ironía.

Pero, ¿saben?, está bien. No caeré en el papel de víctima ni haré discursos de agradecimiento. Siempre guardo algo de dignidad por los cajones para aún en los momentos más terribles no dar pena, ya que nunca me gustaron los premios de consolación. Y, por una vez, me voy a creer merecedor de lo que tengo, aunque sólo sea prestado, incluso aunque lo pierda mañana, porque en ese caso, lo bailado ya siempre será mío.

Quiero dedicar este premio..

Tengo una lectora surgida de la nada. No nos conocemos pero las ganas de decir cosas nos ha unido. Yo la leo y ella me lee y de vez en cuando nos dejamos mensajes. Esta mañana lo ha hecho para entregarme un “premio” chiquitito, sincero, virtual. Yo se lo agradezco y como siempre que veo entregas de premios por la tele me gusta imaginar que diría yo si estuviera ahí, aprovecho mi pequeño momento de gloria para hacerlo.

Quiero dedicárselo a todas las ciudades y personas que un día me inspiraron:

  • A Londres, que me dio tan mal de comer y tan bien de soñar. Que me hizo descubrir las cosas que realmente valen la pena.
  • A mi amigo Raúl, por su sabiduría, por su tiempo, por tantos cigarros, por tantas cenas, por tantas charlas.
  • A María Gómez, por su eterna dulzura. Por reírse siempre de mis chistes malos, por su sonrisa, porque todos los días me escribe. Por ser ella.
  • A esa exnovia que esculpió mi corazón a martillazos y puñaladas para que aprendiera que vivir su vida era dejar de vivir la mía. Sin su traición, hoy sería mucho más infeliz, gracias nena!.
  • A mi madre, por su bohemia, por buscar trozos de ternura dentro de su locura. Descanse en paz.
  • A mi tío, por su bondad y por enseñarme lo que es ser un caballero. Descanse en paz.
  • A mi padre, por vigilarme y protegerme siempre de reojo.
  • A Ciudad Rodrigo, por sus piedras, por sus calles, por su río.
  • A Inma por nuestra reciente amistad tardía, y por perdonarme.
  • A mi abuela Julia, por tantos sacrificios y por el día que me llevó al dentista para curarme una muela que me estaba matando y pagar 35000 pesetas (de hace 15 años) cuando no podía permitírselo. Por el café con pan, por hacer el fuego antes de que nos levantáramos para ir al colegio, por sus besos frescos antes de acostarse. Descanse en paz.
  • A mi sobrina, por sus risas, por sus besos, por querer siempre ver el mundo desde mis hombros.

A los ojos verdes que iluminan la ciudad, mi ciudad, nuestra ciudad (0%!!)

Y a Miguel, Raquel Gómez, Xavi Xervera, Paloma Bravo (por descubrirme), Enrique Blanco, Salva, Patricia Nuñez, Fito, Livio, Natalia, Sandra, Rosana, Mari Miota, Mamen, Yolanda, Mara, Concha, Alberto Carmona, Leandro, Mirella, Wendy, Gabriela, Daniela, Analía, María Martínez y tantos otros que ahora no recuerdo pero que nunca olvido.

GRACIAS!

Si te quedas conmigo

Si te quedas conmigo prometo llenar tu espalda de caricias, tus labios de sonrisas, tus oidos de secretos.

Si te quedas conmigo, prometo explorar los laberintos de tu cuerpo, conoceré cada camino, cada valle, cada río..

Si te quedas conmigo besaré cada noche tus heridas para que se cierren con el tiempo y mi saliva.

Si te quedas conmigo, llenaré de pétalos de sueños todos los caminos de tu vida, de lunas las ciudades, de sonrisas las oficinas.

Si te quedas conmigo siempre encontrarás mi mano, mi hombro para apoyarte, mi boca para besarte, mis ojos para admirarte.

Si te quedas conmigo..

Mañana

Mañana va a ser un día especial. No pienso decir que va a pasar porque me parece una excesiva desnudez para mi alma y bastantes secretos les he contado ya.

Pero puede que todo cambie ya que por un rato seré el más loco de los locos, jugándomelo todo a cara o cruz por un puesto en el, por tanto tiempo añorado, baile de los idiotas.

Mañana quizá se endulce un poco mi vida y una sonrisa tonta se instale perennemente en mi cara significando el fin de muchas reflexiones blogueras, porque de todos es sabido que las más grandes obras suelen nacer de las más grandes crisis… Pero si así es, no voy a sentir dolor por abandonarles ya que pasaré a ser quien siempre quise ser y tener lo que siempre quise tener.

Encuentro ironía en lo que me está pasando, lo veo como una especie de reencarnación en un día como hoy en el que mi abuela comienza su descanso eterno en su lecho de piedra allá en el pueblo dónde fue feliz y dónde siempre quiso volver tan sabia como era, ignorando los falsos cantos de sirena de la gran ciudad y jamás planteándose cambiarlos por la belleza sencilla de su casa de pueblo con jardín y chimenea. Su historia, y con ello una parte de la mía, se acaba para siempre y se convierte en recuerdo para todos los que la quisimos, pero a mi, se me regala la posibilidad del comienzo de otra que imagino, dulce, tranquila y relajante.

Escribo sabiendo que habrá personas capaces de entender el significado de estas palabras a priori sin sentido, y para ellas van dedicadas. Al resto, simplemente les pido que se alegren por lo que no puedo contarles que me está pasando y me disculpen si la felicidad acaba para siempre con la poca o mucha inspiración que alguna vez haya podido tener. Pero como le ocurre con toda seguridad a ustedes, yo también pienso que la vida es una cuestión de prioridades.

Van llegando las horas

Cuando era pequeño los adultos de mi familia eran gente fuerte, extraños algunos, con sus cosas, sus locuras y excentricidades. Porque yo procedo de una legendaria familia de trastornados. Pero cuando pasaba lista, nunca faltaba nadie. Mi madre, poeta y absolutamente bohemia, siempre con su cigarrillo y sus libros; mi abuela fuerte y amorosa al mismo tiempo, feroz leona defensora de los suyos y desconfiada hasta la locura de lo ajeno; mi tía, eterna chica guapa de pueblo, mimada y consentida, siempre centro del universo Rodríguez-Bullón; mi tío, serio, noble, culto, generoso y educado; mi padre, el más fuerte y trabajador, tajante en sus opiniones, luchador venido de otros tiempos.

Aún no hace tanto de esos días de mi vida y de repente me encuentro, cuando aún me llaman joven en los bares, haciendo despedidas imprevistas. Hace muchos años mi madre, dos meses mi tío y en breve mi abuela..

Estoy harto de despedirme. Entiendo porque no me queda más remedio, como funciona esto, naces, creces, con suerte te reproduces y luego mueres.. y otros se quedan, con mil preguntas sin hacer en los labios, con muchos abrazos sin dar, con tantos “perdón” y tantos “gracias” en la comisura de los labios.

La parca comienza a tomar posiciones en nuestra casa sin consideraciones, sin revisiones de contrato.. Se lleva a mis mayores y con cada nueva recogida me guiña un ojo para recordarme que yo también tengo cita.. y aunque le pregunto porque siempre me gustó hacer planes, nunca me dice qué día ni a qué hora.

Cuando alguien cercano muere, siento con una estremecedora claridad vacíos en las sillas, en los asientos de los coches, en las camas de los dormitorios. No son presencias, sino ausencias infinitas. Y si al menos fuera creyente escribiría en mis manos todas las preguntas que nunca les hice para cuando volviéramos a vernos ya sin ropas, ni relojes, ni títulos, ni apellidos. Pero no lo soy, y con ello me pierdo el placer de verme un día despojado de esas cosas que cada vez me molestan más en esta vida, a veces buena, tantas veces puta.

Estoy, lo sé, escribiendo sin sentido. Supongo que quiero acordarme de mi tío y de mi madre y despedirme bien de mi pobre abuela. Aunque todo esto en realidad lo escriba para mi mismo porque ninguno de ellos, van a poder leerlo nunca.

Y respecto a mis lectores, permítanme pedirles perdón por la tristeza.

Delirios de un adicto

Quizá sea muy pronto y lo que escriba ahora me lo tenga que tragar porque al final no he conseguido mi propósito. Pero no me importa, quiero contarle a todo el mundo que hoy es mi segundo día sin fumar.. . Bueno, no es cierto que quiera contarlo, me da igual, sobretodo porque ya se lo he contado a todo el mundo. Pero es que en este preciso instante, son tantas las ganas de fumar que si no hago algo así que me exija concentración me voy a fumar un cigarro ya mismo.

No es la primera vez que dejo de fumar, de hecho, hace un año y medio yo era no fumador y deportista, iba en bici al trabajo, por las tardes al gimnasio, y hasta tenía una novia francesa economista y de derechas. Yo, aquí dónde me ve, fui un tío muy “cool” en mis tiempos, no se crea.

Pero la vida te enseña muchas cosas y una de ellas es a no bajar la guardia ni acomodarte en los tiempos de bonanza (ZP, si me lees, toma nota). Supongo que ser español y débil de voluntad, acaba pesando demasiado e imponiéndose en tu vida.

Y atrapado en las garras de la ansiedad no puedo menos que preguntarme si quizá no debería dejar de luchar contra mi verdadera esencia, contra quien realmente soy y seré siempre y, debería bajar a echar un cigarro y aceptar mi debilidad innata. Quizá debería rendirme también ante la barriga y empezar de una vez a comer todo y cuanto quiera, yo que tengo la suerte de haber nacido en el primer mundo y puedo permitírmelo. Porque al fin y al cabo, la belleza está en el corazón y las novias francesas economistas y de derechas, una vez desnudas son iguales que las de Navalmoral de la Mata o Alcalá de Henares.

Pero en general, estoy bien. No duermo, no me concentro, me duele la cabeza, rechino los dientes, me sudan las manos, mataría por un cigarro, me siento orgulloso, tengo ganas de llorar, los fumadores son más felices, creo que lo voy a conseguir, esta es la definitiva, mataría por un cigarro, el abuelo de Juan fumaba 3 paquetes y vivió hasta los 95, es un gasto inútil, por uno que fume no va a pasar nada, ¡puedo dejarlo!, ya lo hice otra vez, las francesas son muy pijas, en tres semanas no tendré ansiedad, tampoco es tanto el gasto, mataría por un cigarro, ¿y si lo dejo el lunes?

YA NO FUMO MÁS.

El diario de mis tardes

Soy muy consciente, de que si alguna vez tuve alguna credibilidad la voy a perder con este post. Moriré intelectualmente en vida, nadie me invitará a tertulias ni películas en versión original, nadie volverá a recomendarme libros otra vez. Después de este post, pasaré de ser amigo a conocido y esas chicas hippies de pañuelos al cuello y canciones de Vetusta Morla en sus emepetres que tanto me gustan, no volverán a llamarme para tomar café. Pero esta suicida coherencia en mis actos que hace ya años me propuse como norma, me obliga a confesar lo que jamás debería confesar: Me fascina el programa “El diario” que al igual que el artista anteriormente conocido como Prince, durante mucho tiempo se llamó “El diario de Patricia”

Y sé que el daño a mi prestigio está hecho y poco puedo hacer más que bajar la cabeza de aquí en adelante pero, permítanme que intente explicar mi deshonrosa fascinación por este programa y contextualizarla a fin de intentar evitar el exilio cultural para el resto de mis días.

Amo este programa tanto como lo odio y mi afición, no obedece más que a una malsana afición hacia la observación social de mis congéneres, siempre como espectador, jamás como protagonista. Siento vergüenza ajena y tristeza por esta gente contándole al mundo sus miserias, por la falta de cultura mostradas por sus invitados con el atrevimiento que les da el saberse beneficiados de esos 15 minutos de gloria de los que hablaba Andy Warhol. El sentirse escuchados por un día lejos de sus, intuyo (qué coño, afirmo!), grises existencias en barrios de ropa tendida en las ventanas, graffities en las paredes, grasa en las manos, rojo en la cuenta corriente.

Siento asco por los responsables de la cadena y su ignorancia y desprecio por el problema ajeno, siempre ajeno, que venden en sus programas. Explotan al débil, le humillan, se ríen de él, pero nunca le invitarían a su casa. “Entonces, has venido al programa a contarle a tu marido que te acuestas con su hermano”… la audiencia sube, la dignidad baja, el problema jamás desaparece… . La sinceridad una vez más, es sobrevalorada.

Un amigo dice que a los invitados se les paga en este programa. Yo lo niego, ¿Cuándo ha hecho falta pagar a alguien en este país para que salga por la tele? Ponga usted una cámara en medio de la calle y al minuto tendrá cien personas saludando. Este país, sueña con ser un día descubierto, alejado de la monotonía, besado por la utopía. Este país sueña con los 15 minutos prometidos por Warhol aunque el precio por ello, sea la irremediable pérdida de dignidad y la risa ajena.

(Always) made in Spain

Por dios, por dios!… Esto no avanza!. Va a hacer un año que volví de tierras bárbaras y este país mío que, inexplicablemente fue potencia mundial hace quinientos años y cuna de Césares dos mil, sigue igual de patético.

Pongo la tele y solo veo payasos que sin saber siquiera hablar correctamente se hacen llamar periodistas y se dedican, boli en alto, a criticar vidas ajenas de personajillos muchas veces, si cabe, más miserables que ellos. La televisión sigue siendo el preocupante sueño de una gran parte de la población. Las niñas, lejos de querer ser princesas como cantaba Sabina, ahora quieren ser famosas, rentabilizar polvos, convertirse en putas de lujo con pago aplazado a treinta-sesenta-noventa.

Pongo la radio y sólo oigo fachas ridículos y fuera de época que protegen su odio enfermizo al pensamiento libre autodenominándose de forma errónea con el título de moda: liberales. Curas de rostros demoníacos juzgando con la espuma de la rabia aún en las comisuras de sus labios, el maravilloso avance que supone poder traer niños a este mundo destinados a curar a sus hermanos. Hippies millonarios; manifestantes de vocación y profesión, llorando como mujeres lo que nunca supieron defender como hombres.

Salgo a la calle y no paro de cruzarme con niñatos, que se creen hombres por haber perdido la virginidad a los 12 años, llenando paredes ajenas de letras sin sentido que ellos llaman “graffitis”, los medios de comunicación “arte urbano” y yo, “garabatos de mierda”, con pantalones 3 tallas más grandes para enseñar los calzoncillos (“slips” dicen que son, pero a mi no me engañan), en un atentado al buen gusto y los modales. Señoras gordas con chandal, o ex-gordas con trajes de Versace mirando de reojo a todo el que se cruza para poder soportar el mono hasta el comienzo una vez más de los programas nocturnos del, incorrectamente llamado, corazón.

Yo debería haber nacido en Suiza.

Historias tristes de bar

 

Una mañana cualquiera. Tomo café mientras leo el periódico en un bar de mi barrio al que le he tomado afición porque el camarero cuando entro me recibe con un “buenos días joven!”, algo emocionante para mí después de tantos años de ambiente e idioma extranjero, de vasos de papel en cafeterías sin personalidad.

En este bar, sólo compran El Mundo o el ABC, no El País que es el que me gusta leer y sobretodo con el que me gusta ser visto. Me llama la atención la tendencia conservadora de zonas de la ciudad que deberían de no serlo por su realidad obrera. Pero como dice mi amigo Raúl: “la derecha se hace fuerte cada día entre las clases más desfavorecidas”.

 

El café y el periódico son mis momentos. Cedo por educación muchas veces a la compañía pero como con el cine, es algo que, sinceramente, me gusta hacer solo. Leo, tomo café y observo, y para ello necesito tranquilidad.

 

Una señora rubia de unos cuarenta años, entra en el bar con gafas de sol, intentando ocultar un rostro que todos nos esforzamos por descubrir al ver que se nos intenta privar de ello. “¿El encargado por favor?” pregunta, “Soy yo, dígame” contesta el camarero. “Sí, bueno, quería saber si tienen algún puesto de trabajo ahora mismo”, “no, lo siento, hasta el verano no podemos contratar a nadie”. La mujer con rabia contenida se va diciendo en alto: “entonces no como hasta el verano!”.

El camarero me mira buscando un comentario. Yo vuelvo los ojos al periódico, estas cosas me ponen muy triste y prefiero olvidarlas lo antes posible.

 

El trabajo no solo te proporciona dinero para pagar tu casa y tu comida sino que además te da dignidad como persona, te hace útil y, te proporciona un lugar en la sociedad. Nadie debería de perder su trabajo y los gobiernos, tan empeñados en logros mayores olvidan con frecuencia que las bases de sus sociedades se ven muchas veces obligadas a esconderse tras gafas de sol para pedir trabajo en bares de barrios dónde los octavos puestos en las economías mundiales no se notan nada.

Ahora que por pesados por fin tenemos un asiento en la cumbre que se supone reorganizará el capitalismo, nuestro presidente debería de proponer que se tenga en cuenta las historias tristes de los bares; de las hipotecas que hace dos años costaban 800€ y que ahora, por arte de magia, se convierten en 1400; de las promesas de futuro que al final, nos hacen añorar el pasado.

Dr. Nacho y Mr. Palomar

Va, lo confieso, no escribo sólo para mí. De hecho escribo tan poco para mi a pesar de intentarlo, que estoy en proyecto (dícese de aquellos planes que casi nunca se cumplen) de empezar un blog anónimo a tres manos con otras dos blogueras a las que les ocurre lo mismo. Un blog en el que protegidos por el anonimato podamos ser nosotros mismos, tan buenos y tan malos, tan crudos y tan sensibles, sin miedo al “qué dirán” en el que teniendo como premisa fundamental el respeto al prójimo, podamos contar aventuras y anécdotas secretas, esas que en nuestros blogs oficiales no podemos por miedo a ser juzgados fuera de contexto. Este blog, estará próximamente en sus pantallas.. si lo encuentran.

El caso es que llevo días pensando sobre el tema, sobre todas las cosas que me gustaría contar y no puedo porque creo que mi padre o afectados directos de mis anécdotas me leen. Aún más teniendo en cuenta que en mi absoluta inmodestia, llevo tiempo presentándome como “nachopalomar.com” y no con un simple “Nacho” como debería.

Pensando sobre esto descubro que hay dos “escritores” en mí. Uno más “romántico” y otro más “crítico-social”. En los dos intento aparentar ser todo lo “libre-pensador” que creo ser, pero los dos teniendo un cuerpo y una mente compartidas tienen claras diferencias y sobretodo diferentes perfiles de lector. Cuando escribe el Nacho “romántico” recibo e-mails principalmente de mujeres que dicen sentirse (que conste que yo, escéptico por naturaleza, no me creo casi nada) conmovidas por mis intentos de poesía… Me dicen “me gustó”, “me sentí identificada”, “alguna vez me sentí así” o, mi favorito: “sos divino”. Cuando escribe el “crítico-social” las mujeres aún leyéndome, me traicionan con otros blogueros y, son ellos los que reciben los piropos. Yo a cambio recibo guiños de blogs de marketing, o insultos de ultracatólicos marginales.

Analizo diaria y cuidadosamente mis datos de visitas en el Google Analytics, y fantaseo con mis lectores de Buenos Aires, de Pamplona, o incluso de Estambul. Los imagino disfrutando o enfadándose con mis impertinentes y, muy probablemente desacertados, análisis sociales. Cuando veo mis visitas monto en mi mente orgías imaginarias con mis lectoras, lleno camas de poesías inspiradas en otras de poetas que de verdad lo son, o salas de conferencias con gentes de distintos acentos y colores escuchando mis comentarios inspirados por comentaristas de verdad y, en ocasiones me siento en la responsabilidad de unir estos dos Nachos tan distintos y tan iguales pero de existencias absolutamente necesarias para poder sentarme una vez por semana a escribir aquí.

Pero ellos no quieren, me dicen que están bien así, que siempre ha sido así, que simplemente me calle y siga escribiendo.